Diplotaxis erucoides (rabaniza, jaramago, roqueta, oruga silvestre)

 

Cinc dones, habilment ben acotades entre solc i solc, maldaven amb les aixadelles per extirpar la cugula i els citrons i les incipients corretjoles que creixien per onsevol.
(Enric Valor, “L’Ambició d’Aleix”)

Con las lluvias de invierno los campos de nuestro entorno se cubren de un manto blanco, como si estuvieran nevados, pero son las flores blancas de la rabaniza (Diplotaxis erucoides) las causantes de esta ilusión óptica. A menudo coexiste con la calendula (Calendula arvensis) de flores naranjas.

La rabaniza es una planta anual, que puede tener entre 10 a 50 cm de altura, con un tallo recto y delgado, con hojas dentadas, cuyas flores blancas o con algunas vetas violetas disponen sus cuatro pétalos en cruz. Florece de enero a octubre, aunque se la puede encontrar todo el año.

Se la considera una mala hierba en los campos de almendros, pues se trata de una planta muy melífera, cuyo polen atrae tanto a las abejas que éstas dejan de polinizar las flores de los almendros, con la consiguiente merma de rendimiento.

Diplotaxis erucoides

De mi infancia recuerdo que era una hierba muy apreciada para alimentar a los conejos y las gallinas que criábamos en casa. Iba con mi abuela o con mi padre a la huerta y, aprovechando que la tierra estaba húmeda, arrancábamos con facilidad los tallos. También se podía hacer con la tierra seca, pero costaba un poco más.

Estas hierbas se dejaban secar un par de días al sol, que las dejaba reblandecidas y era entonces cuando se podían dar de comer a los animales (mi padre decía que si se les daban recién arrancadas podían hacerles enfermar).

Tiene propiedades estimulantes, diuréticas, expectorantes, antibacterianas y antiescorbúticas. Está indicada para las afonías, faringitis, amigdalitis, bronquitis y asma.

Sin embargo, las hojas de la rabaniza también pueden ser usadas para alimento humano, pues tienen bastantes principios activos y vitaminas. Para ello hay que aprovechar los brotes tiernos de la planta, antes de que crezca. Tienen un sabor picante, similar a la rúcula (con la que está emparentada) y se pueden usar en ensalada combinadas con otras hierbas más suaves.

Últimamente se la denomina “wasabi mediterráneo”, como explica el siguiente vídeo del cocinero alicantino David Ariza, hablando del valor gastronómico de esta sencilla planta.