Taxus baccata (tejo)

 

No existe árbol más mágico y maravilloso que el tejo (Taxus baccata), el viejo templo vegetal de nuestros antepasados prehistóricos, el más antiguo de Europa. Se trata de una especie que representa una auténtica reliquia de un pasado de clima más húmedo y frío que el actual. Pese a que apenas tenemos ejemplares, el tejo nos resulta especialmente venerable a los ibenses dado que una de nuestras montañas emblemáticas lleva como nombre “Teixereta“.

De crecimiento lento, es uno de los árboles mas longevos y antiguamente era un árbol sagrado, símbolo de la vida eterna, de nuestra lucha imposible por trascender. Se conoce un ejemplar con 5.000 años de vida. Es el árbol de los cementerios en Gran Bretaña.

Este árbol tiene la corteza marrón rojiza y delgada. Sus hojas son perennes, suaves y flexibles de color verde oscuro, alineadas en dos filas a lo largo de las ramillas. Sus flores son unisexuales y se disponen en árboles diferentes (es decir, hay árboles masculinos y árboles femeninos), floreciendo en primavera. Las duras semillas tienen una cubierta carnosa de color rojo que parece un fruto. Puede alcanzar los 15 m de altura.

Sin embargo, hay que tener cuidado pues contiene un principio activo tóxico (taxina, un alcaloide con efectos fulminantes) que está presente en todas las partes del árbol a excepción de la pulpa del fruto, y puede causar la muerte por su acción paralizante del corazón. De hecho, con el jugo de las hojas se envenenaban flechas en la antigüedad y se consideraba peligroso incluso dormir o sentarse debajo de un tejo.

Su recia y duradera madera es muy resistente a la intemperie, por lo que se ha utilizado desde antiguo para la construcción de cercas y toneles. Por su flexibilidad se ha utilizado también para fabricar arcos. Actualmente se emplea mucho en jardinería, para formar setos y esculturas vegetales. El laberinto del Jardín de Santos, en Penáguila, se restauró hace unos años con tejos.


Se distribuye por toda Europa, preferentemente en las regiones de clima húmedo; también por el oeste de Asia y las montañas norteafricanas del Rif y el Atlas. Solo falta en el ambiente mediterráneo más seco y en las regiones boreales. La mayor tejeda europea se esconde en una recóndita sierra del oriente asturiano, en el Sueve, muy cerca de Ribadesella, que en 2008 fue declarada espacio protegido. Un caso remarcable son los preciosos tejos del Carrascar de la Font Roja, que sumarán cerca del centenar, con el milenario ejemplar del Mas del Serrallo.

Teix del Mas del Serrallo

 

“Els llargs camináis que petjava no semblaven acabar-se. Travessava deliciosíssims parquets d’arbres d’adomament, com til.leres, faigs, teixeres, xiprers, pinastres sucosos, pinatells vers, ginebres tendres, tots ells enredáis de verdíssimes i tentaculars mates de lligabosc…  Alió era talment un paradís…” (Enríc Valor. L’Hort Encantat. Esclafamuntanyes).

 

[Todas las fotografías son de la colección de José Vicente Verdú Gisbert (Basseta)]