Erica multiflora (brezo, bruguera, petorret)

 

Esta será mi primera contribución a la web del Centro Excursionista Amics de les Muntanyes (CEAM), en esta nueva sección que hemos denominado “Etnobotánica”. Y quiero que la primera planta de la que hablemos sea una habitual de nuestros bosques mediterráneos y de la que destaco la delicada belleza de sus flores.

El nombre científico de la planta es “Erica multifora”. Pertenece a la familia de las Ericáceas, que integra unas 2.500 especies, con distribución amplia por las regiones templadas con substrato ácido de todo el mundo.

Su hábitat son los matorrales y pinares sobre suelos carbonatados, en lugares secos y soleados.

Es un arbusto erecto muy ramificado que puede alcanzar hasta 2 m de altura. Las hojas son de color verde oscuro. Es fácil identificarla por sus flores rosadas, dulcemente perfumadas, todas agrupadas en la parte final de las ramas y que se abren a finales del verano y durante el otoño e invierno. Como todos los brezos, tiene las hojas pequeñas agrupadas en tres.

Su madera se ha utilizado en la construcción de mobiliario y herramientas. Esta planta es en compañía del romero, la aulaga y la ramiza de pino el combustible tradicional por excelencia de los hornos de cocer pan.

A continuación, extracto algunos datos sobre su uso medicinal, que se pueden ampliar en la web del Herbario Virtual de Banyeres de Mariola.

La parte utilizada para usos medicinales son las flores, que se recolectan al empezar la floración. Se le atribuyen propiedades diuréticas, antisépticas y sedantes de las vías urinarias. Estimula la producción de orina y desinfecta los riñones.

Se aconseja en infecciones, cálculos, arenas renales, cistitis, pielonefritis, leucorrea, reumatismos, gota, ictericia, disquinesias biliares, colibacilosis y diarrea.

El modo de empleo puede ser por cocimiento, baños, cataplasma, aceite, infusión, extracto seco o extracto fluido.

Según Joan Pellicer, es habitual usar esta planta contra picadas venenosas. Por ejemplo, en Alcalá de la Jovada dicen que un punzón hecho de una de sus ramas es usado por los pastores o los cazadores para agujerear la picada del sacre o del alacrán a la cabra o el perro, para que “sude el veneno”, y se cure.

 

“La llevó fuera de la ciudad y allí se paró. Era un atardecer soleado, y una nube de mosquitos zurcían continuamente el aire cerca de donde estaban. Reinaba la tranquilidad, la quietud de los pinos y el brezo…” (Vladimir Nabokov, Risa en la oscuridad).

 

[Todas las fotografías son de la colección de José Vicente Verdú Gisbert (Basseta)]