Prunus dulcis (almendro)

 

Dicen que durante una siesta el Dios Zeus dejó escapar unas gotas de esperma que cayeron a la tierra y dieron vida a un ser hermafrodita llamado Agdistis. Años más tarde Dionisio le corta sus genitales y éstos al caer al suelo se convirtieron en un retoño de árbol de Almendro. Este árbol no floreció, pero dio un fruto que fecundó a Sangarios, la Hija del Dios Rio. Desde entonces se cree que las almendras tienen poderes para procrear.

El almendro es uno de los principales árboles cultivados con fines comerciales en el litoral mediterráneo. Su floración es una de las más admiradas y, dependiendo de las variedades, puede comenzar en enero (floración temprana); en febrero (floración media); entre febrero y marzo (floración tardía) y en marzo (floración extra tardía).

El almendro no es una especie autóctona. Su área natural está en el centro y sudoeste de Asia, y en el norte de África. Pero en la Península es una planta introducida desde hace más de 2.000 años, probablemente por los fenicios; y ampliamente distribuida por los romanos.

El almendro necesita pocas horas de frío (menos de 400), por lo que pronto las acumula y florece muy tempranamente, antes de la llegada de la primavera. Por eso su cultivo con fines comerciales ha estado restringido tradicionalmente a las zonas libres de heladas o con un peligro de heladas reducido.

Ya se viste el almendro de flores para soñar en silencio
Y abadonar su pensamiento del pasado seco.
Acompaña en los campos al olivo,
Dádiva de calor en las noches de invierno.

Ya se viste de flores de color blanco y rosa
Y nos regala pétalos con escala suave y hermosa.
A finales de enero quiere alzar su mano,
se reivindica como desafío al frío.

Ya se viste de flores, ya inunda el campo de alegría
Y con su garbo generoso y recio la primavera anuncia.
Cómplice del sol y de los pájaros, alma de vital energía,
Una invitación a la vida, un despertar eres en el nuevo día.

(Poema de Jesús Paredes Ortiz)

Se cultivan más de cien variedades debido a la gran riqueza genética, pero existen tres tipos comerciales definidos y botánicamente puras, que son Marcona, Llargueta y Planeta.

Las flores del almendro no se polinizan con el polen de flores de su variedad, sino que necesitan polen de variedades diferentes, que sean compatibles y que crezcan en su proximidad, lo que hace que resulte indispensable la polinización cruzada para producir una cosecha.

La almendra se consume cruda, tostada, salada o ahumada. Se utiliza como complemento en gastronomía (guisos o ensaladas) y muy especialmente en repostería, una herencia de la cultura árabe que ha llevado a elaborar tartas, turrones, polvorones, mazapanes y otros dulces a base de almendra.

Es muy apreciado también el aceite que se extrae de las almendras para su uso en cosmética. También lo es la leche de almendras, semejante a la de la horchata, que se extrae al triturarlas.

La cubierta verde de la semilla se utiliza para forraje y su cáscara como combustible. Además, su madera rojiza es muy apreciada en ebanistería, por ser muy dura y no agrietarse con facilidad (“Fusta de menler per a fer el piló deis camissers”).

En Riópar, sus hojas cocidas se utilizaban para expulsar lombrices.

“La flor del Almendro está vestida de blanco, con mantos tejidos por los dos meses fríos. Es un explorador o un adelantado, escalando las elevaciones del terreno o un capitán cuyas tropas son las distintas clases de flores”

(Poema andalusí del siglo XI).